Gestión del residuo: ¿dónde está el techo?

En el post anterior dejamos abiertas una serie de preguntas. Una de ellas: ¿podemos innovar en la gestión de residuos orgánicos al igual que lo hemos hecho con la gestión y usos alternativos de los residuos no orgánicos? Pensemos. Ya hemos visto el impacto que genera, no ya el residuo inorgánico, sino el orgánico mal mezclado.

Recientemente, el portal especializado Diario Ecología ubicaba en el mapa el que es el basurero más grande del mundo. Visto desde Google Earth se presenta como una enorme mancha marrón en mitad del predominante verdor de Río de Janeiro. Clausurado desde 2012, tras 34 años acumulando basura, su superficie equivale a la de 130 campos de futbol juntos. Hoy es un foco de infecciones muy peligroso, ubicado frente a la Bahía de Guanabara. Otro dato impactante, tristemente lógico: también ha sido la fuente de trabajo de 6.000 personas dedicadas al reciclaje, eso sí, en las peores condiciones de salubridad, con su correspondiente riesgo de contagio y epidemia de enfermedades.

Pero, incluso más allá de la incapacidad, o el desconocimiento, o la falta de medios -sino dejadez- de los ciudadanos a la hora de velar por la separación de los residuos domésticos, también advertimos que la industria, entre ellas la alimentaria, es una de las grandes responsables de las emisiones contaminantes que perjudican al planeta y al cambio climático. Así, leíamos también recientemente que según la Organización para la Alimentación y Agricultura de ONU (FAO), más de 1.300 millones de toneladas de comida son desechadas cada año y un porcentaje significativo de la comida del hogar que se desecha termina en los vertederos. Es en estos lugares donde se produce CO2 y gas metano, que es 23 veces más potente que el CO2. Más alarmante aún: un estudio reveló que en Europa un 40% de la comida que desechan los consumidores está incluso en su envase original.

Para prevenir el almacenamiento no controlado de residuo orgánico mezclado, el mejor sistema consiste en no mezclar indiscriminadamente la basura que se produce en los hogares, granjas, etc. Pero ante la imposibilidad de establecer mecanismos eficaces para educar a la población en la separación de residuos orgánicos del resto de materiales debido al volumen exponencial de residuo que generamos cada uno de nosotros y cada hogar, ¿qué podemos hacer? Y antes de esa reflexión: ¿qué estamos haciendo?

En noviembre de 2013, Retorna, junto con Ecologistas en Acción y Amigos de la Tierra, publicó un interesante informe (Un yacimiento en la basura) sobre la deficiente gestión de los vertederos en España, que acumulan 275 millones de toneladas de materias primas valiosas. En concreto, se estima que cerca del 70% de todos nuestros residuos terminan enterrados en vez de reciclados. Cada ciudadano en España ‘produce’ unos 535 kilogramos de residuos al año. Son 24 millones de toneladas al año en España, que van a parar a los cerca de 200 vertederos legales que existen y a los cientos y miles de otros basureros ilegales dispersos por la geografía, apuntaba Retorna. Si sabemos hacerlo, ¿por qué lo consentimos? Y si lo consentimos, ¿qué otros mecanismos podemos utilizar? ¿Cómo podemos innovar para frenar esta realidad o reducir el margen del ratio de basura que finalmente termina sin ser gestionada? Ni reducida, ni reutilizada ni reciclada.

Podemos hablar ahora de mejoras, optimizaciones, nuevas ideas, inventos, procesos aplicados bajo nuevos paradigmas, etc. Innovar es, al fin y al cabo, querer resolver contradicciones anteriormente no resueltas. ¿Quiere esto decir que lo hecho hasta ahora está mal? No. Simplemente con la información, la tecnología y la normativa y las prioridades de cada momento, las soluciones mejoran y deben mejorar conforme vamos adquiriendo nuevos conocimientos. Conforme el  entorno varía, las soluciones se adaptan; conforme el conocimiento se amplía, las soluciones crecen; conforme los prismas y los puntos de vista cambian, las soluciones son más adaptables y resolutivas. Innovar es desarrollar nuevas estructuras, nuevos conceptos, nuevas ideas. Desde Waste to Cash creemos firmemente que merece la pena innovar para ayudar a solucionar problemas como los que hemos expuesto las últimas semanas. Generamos cada vez más residuos orgánicos, y el hecho de observar y pensar en ello favorece el desarrollo de alternativas que en otro momento hubieran sido no viables o descartadas por inconsistentes.

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¿Cuándo, cómo y por qué se producen las grandes innovaciones, los grandes inventos, las grandes revoluciones que rompen los esquemas previamente establecidos?